jueves, 19 de julio de 2012

Dinosaurio


Conocí un árbol que fue dinosaurio, 

y fue elefante, y fue rinoceronte 
y fue hipopótamo.
Se volvió árbol en la última de sus vidas, 
la más larga de todas
la que vive ahora en quietud siendo cómplice 
de juegos de los niños
de gente sin hogar que busca refugio
de los jóvenes que buscan sombra para leer.
Cómplice de los muchos que esperaron solos 
por alguien que luego llegó 
y partieron acompañados
y también de los que esperaron solos 
por alguien que nunca llegó
y tuvieron que partir tristes y cabizbajos 
y otros con rabia.
Cómplice también de los amores de hoy, 
los que viven ardiendo 
y de los que aún no se sabe si serán amores de olvidar 
o serán amores de leyenda.
Cómplice de los que buscaron sombra 
tratando de esconderse del sol veraniego.
Tanto tiempo sobre cuatro patas 
y ahora entre tus karmas inexplicables
terminas sobre un tronco con miles de raíces, 
las que crecen con cada historia
que pasa a tu lado y las que suceden sobre tus ramas.
Ahora terminas tatuado de corazones con "tú y yo"
tallados con cuchillas baratas
sobre tu sabia y áspera piel corrugada de animal milenario.
Solo tu corteza tiene las memorias de un ayer 
en el que corrías libre sobre la tierra
y te revolcabas sobre el fango 
cuando la savia era sangre 
cuando la vida era corta.
Yo conocí un árbol que fue dinosaurio, y fue elefante, 
y fue rinoceronte y fue hipopótamo.