martes, 15 de mayo de 2012

Hermanos.

Historias de amigos.
Manos que se encuentran,
miradas que se reconocen,
risas a carcajadas.
Llora, te abrazo.
Habla, te escucho, me escuchas.
Te llevo, me llevas
Gritas y grito,
Gritemos!
Corramos, volemos, viajemos!
No hay límites,
no hay colores,
no hay nacionalidades,
hay familias nuevas.
Somos hermanos de camino.
Historias de amigos.

El agujero

Ann.
Caíste en ese agujero por andar de despistada y por andar vistiendo ropas victorianas con faldas de 15 capas y sin corsé, porque así es la libertad y los golpes no duelen tanto si pareces una cebolla.


Trantando de aferrarte a algo disparaste tinta de tus dedos que fue adhiriéndose a las paredes profundas del hoyo; tinta que se confunde con óleos, tinta que se confunde con el café que regaste sobre el libro, con las lágrimas que cayeron sobre la carta y volvieron difusas las letras que escribías a la mosca extraterrestre; tinta que se diluye con el sudor que caía cuando ibas rápido en tu bicicleta, con la saliva que guardaste esperando ansiosa que te sirvieran esa cerveza de miel. 
Tu tinta Ann, que se mezcla con los bagles que preparaste la pasada navidad al lado del río, esa tinta poderosa de tu alquimia.
Te mezclaste en las tintas de lápices ajenos, en la sangre de otros corazones, dejaste a tu paso regadas las perlas del collar que envuelven tu pelo, para que todos caigamos en ese hondo agujero donde terminaremos combinados y aplastados como la crema en el café, sobre tu papel de acuarela.