
El carro rojo de bomberos
me llevó a dar vueltas
por el jardín de la casa de don Uldarico
donde vivíamos con mi abuela
donde en las noches de navidad
rodábamos hacia la titilante estrella.
El carro de bomberos
apagó miles de incendios
menos el fuego de la imaginación
Me llevó a todos los lugares que quise ir
a las ciudades de fantasía
paseó a mis primos, mis muñecas
y a Federico, el amigo imaginario de Elisa.
El carro de bomberos, regalo de mi padre
transportó mis sueños a lejanas tierras
Rojo, como el color del temor en la infancia
pero también como los besos de fresa
que quitan dolores de cabeza.
Pero el tiempo pasa
el carro se ha quedó sin pintura
sin ventanas y sin sueños infantiles,
Hoy se pierde entre mi torrente sanguíneo
como mil glóbulos rojos con ruedas en mi cerebro
del recuerdo que nunca se borrará
de los viajes no realizables
de los sueños que no se cumplieron.
Chau mi carro rojo.

