Noche sin estrellas.
Caminé sobre la arena negra.
Cinco minutos fueron.
Cinco minutos y sentí la infinidad,
sentí la eternidad,
sentí la plenitud.
La música me arrastraba hacia el oleaje.
En coro las ballenas me llamaban.
Caminé y caminé hacia el agua con los brazos bien abiertos
y esperé que una ola me abrazara
y me llevara a las profundidades de su dueño.
El último acorde sonó
y quedé sola como nunca antes lo estuve.
La soledad y la inmensidad... ese océano.